Mural en Sao Paulo, Brasil. Enero de 2015.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cintas

Maia gira, Maia flota. Maia se envuelve en colores y baila. Su piel es negra, negrísima, azabache, reluciente. Su alma es pura, purísima, azulada, refulgente. Baila, con sus siete años y con ese don de fluir que tienen los chicos, con esa plena libertad que le da aceptar que quiere llamar la atención, que la miren bailar, que la miren brillar. Porque sabe que brilla, y por eso brilla más.

Yo la miro bailar, la miro brillar, la miro envolverse en colores y sonreír. Me hipnotiza, me embelesa. Me cosquillean las piernas al verla bailar, me contagia risa verla reír. Pero me quedo en el pero, me quedo en el molde, molde adulto de vergüenzas, vergüenza de soltar, de pararse y bailar, vergüenza de llamar la atención, porque eso es para chicos, no para grandes, aunque los grandes a veces se queden chicos por lo grande de sus ganas de volver a ser chicos y sentirse en posesión plena de esa libertad.



/Pero la energía da energía, el brillo da brillo. No es llamar la atención, es invitar a brillar./



Me quedo sentada y le sonrío, le doy todo de mí en mi atención incondicional. Ella baila, y brilla, y se envuelve en colores.

Desvío la vista un segundo, vuelvo a mirar.

Maia está parada al lado mío, me está mirando, intrigada, tímida, resuelta. La miro y le quiero decir en una sonrisa todo lo que no puedo con las palabras en alemán que ella entiende y que yo no sé. Me mira, me sonríe. Me da el manguito de la cinta de colores con la que baila. Una invitación muda en un idioma que entendemos las dos. Sonrío más.

Maia gira, Maia flota, Maia se ríe a carcajadas. Escucho más carcajadas, son las mías. La hago bailar, la hago girar, la hago brillar. Me hago girar, bailar, brillar. Jugamos, nos enredamos con colores, nos dejamos llevar. Una estrella a otra, un color que tiñe otro, un movimiento que ondula, que se expande, que se hace sonido y luz. La felicidad en una cinta de colores, en una canción de Ane Brun. Bailamos juntas. Terminamos en el piso, agotadas, riéndonos a carcajadas.

La madre nos mira, sonriente, siempre dulce, dulce Matina. The little wonders. Es hora de dormir, Maia. Apenas una protesta, y una respuesta con dulzura y firmeza. La puerta de la habitación se abre. Se cierra.

Vuelvo a la mesa, con mi alegría en toda la cara. Me reciben sonrisas, seguimos cenando. Siento el roce más suave del mundo en el brazo. Miro.

Maia está parada al lado mío, me está mirando, tímida, resuelta. La mira a la madre en busca de un poquito más de coraje. Un susurro en alemán, suave, alentador. Maia me mira y me pregunta mi nombre en inglés. Le sonrío más, le contesto y le digo que baila bellísimo. Me muestra todos los dientes en una sonrisa amplia como la luna y se va corriendo a la habitación.

Matina vuelve al ratito, siempre dulce:

"Maia te desea un muy lindo viaje y espera que algún día se puedan volver a ver".

Una estrella a otra. Felicidad.

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Comparto un corto de Magnus Renfors basado en el disco It all starts with one, de Ane Brun. El corto está hecho con cuatro canciones: Words, One, Do you remember y Worship (ft. José González). Cada canción es un acto de la obra.

/Ovación de pie/

<3


jueves, 5 de febrero de 2015

"It's such a lucky accident, having been born, that we're almost obliged to pay attention".
Via Brain Pickings, en un artículo que en algún momento de la vida me voy a dar el gusto de traducir.



Sueño.



Me despierto. No estoy segura de si soñé o si dormí como un tronco. Calculo que dormí como un tronco. Me duermo.



Sueño.



Me vuelvo a despertar. Estoy segura de que pasó algo, pero no entiendo qué. A veces es una cara que estoy segura de que no conozco. Y después me quedo pensando. ¿La conozco? Me duermo.



Sueño.



Me queda la sensación del azul muy azul de un mar. Hace calor y el agua es refrescante, pero después entro a la casa a tomar una taza de té porque hace frío. Nos sentamos abajo de una planta de kiwis en la terraza y en vez del mar veo una montaña, un meteorito. El té que tenía en la mano es una hojita de laurel que una chica arrancó de una planta al lado de un monasterio. La chica se vuelve alta y rubia y me habla en portuñol con voz de hombre, al lado del mar. Es mar es refrescante y azul, y hace calor, y estoy sola. Abro los ojos y la veo a mi hermana, durmiendo. Cierro los ojos y no entiendo dónde estoy.



Me acuerdo de cosas que no estoy segura de haber vivido. Se me ocurren historias que parecen de sueño. Abro la compu y veo fotos que no sé quién sacó. Abro un cuaderno y leo cosas que dicen que las viví yo, pero tengo mis dudas.



La realidad y el presente tienen una forma tiránica de imponerse. No preguntan, no dejan huecos: absorben. "The moment seizes you", dijeron hace poco. Y todo lo que me queda es esto. Pero sueño. Sueño con cosas que no quiero olvidar. Las fotos y mis cuadernos me miran, me preguntan, en silencio, si los voy a dejar ahí. Fueron mis cómplices y aliados en la guerra contra el olvido. Y ahora me miran con miedo. ¿Los voy a dejar solos en la pelea que yo empecé? ¿En la misión?



Buen día, buenas noches, buenas tardes. Hola, blog, tanto tiempo :)