Yo la miro bailar, la miro brillar, la miro envolverse en colores y sonreír. Me hipnotiza, me embelesa. Me cosquillean las piernas al verla bailar, me contagia risa verla reír. Pero me quedo en el pero, me quedo en el molde, molde adulto de vergüenzas, vergüenza de soltar, de pararse y bailar, vergüenza de llamar la atención, porque eso es para chicos, no para grandes, aunque los grandes a veces se queden chicos por lo grande de sus ganas de volver a ser chicos y sentirse en posesión plena de esa libertad.
/Pero la energía da energía, el brillo da brillo. No es llamar la atención, es invitar a brillar./
Me quedo sentada y le sonrío, le doy todo de mí en mi atención incondicional. Ella baila, y brilla, y se envuelve en colores.
Desvío la vista un segundo, vuelvo a mirar.
Maia está parada al lado mío, me está mirando, intrigada, tímida, resuelta. La miro y le quiero decir en una sonrisa todo lo que no puedo con las palabras en alemán que ella entiende y que yo no sé. Me mira, me sonríe. Me da el manguito de la cinta de colores con la que baila. Una invitación muda en un idioma que entendemos las dos. Sonrío más.
Maia gira, Maia flota, Maia se ríe a carcajadas. Escucho más carcajadas, son las mías. La hago bailar, la hago girar, la hago brillar. Me hago girar, bailar, brillar. Jugamos, nos enredamos con colores, nos dejamos llevar. Una estrella a otra, un color que tiñe otro, un movimiento que ondula, que se expande, que se hace sonido y luz. La felicidad en una cinta de colores, en una canción de Ane Brun. Bailamos juntas. Terminamos en el piso, agotadas, riéndonos a carcajadas.
La madre nos mira, sonriente, siempre dulce, dulce Matina. The little wonders. Es hora de dormir, Maia. Apenas una protesta, y una respuesta con dulzura y firmeza. La puerta de la habitación se abre. Se cierra.
Vuelvo a la mesa, con mi alegría en toda la cara. Me reciben sonrisas, seguimos cenando. Siento el roce más suave del mundo en el brazo. Miro.
Maia está parada al lado mío, me está mirando, tímida, resuelta. La mira a la madre en busca de un poquito más de coraje. Un susurro en alemán, suave, alentador. Maia me mira y me pregunta mi nombre en inglés. Le sonrío más, le contesto y le digo que baila bellísimo. Me muestra todos los dientes en una sonrisa amplia como la luna y se va corriendo a la habitación.
Matina vuelve al ratito, siempre dulce:
"Maia te desea un muy lindo viaje y espera que algún día se puedan volver a ver".
Una estrella a otra. Felicidad.
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Comparto un corto de Magnus Renfors basado en el disco It all starts with one, de Ane Brun. El corto está hecho con cuatro canciones: Words, One, Do you remember y Worship (ft. José González). Cada canción es un acto de la obra.
/Ovación de pie/
<3
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